Relatos de Cultura General

Estimados lectores, 

En esta nueva sección fusionamos el gusto por la cultura general con el amor por el arte de la literatura. Presentamos una serie de relatos a priori de ficción que, situados en escenarios y momentos reales, podrían haber sucedido.

Si alguno quisiera colaborar con un relato de elaboración propia, los invitamos a escribirnos a culturaen10@gmail.com y con gusto lo publicaremos con el nombre de su autor.

Que lo disfruten!!

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El Mendigo Misterioso
    autor: Magoca


Por la ventana de mi cuarto veo a un pobre hombre mendigando, se pasea de arriba a abajo de la calle y con la cabeza agachada. Lleva un carrito cargado de cartón y cosas que no sirven para nada, me entra una tristeza enorme que no puedo controlar. El corazón me pide a gritos que le tienda una mano, entonces es cuando actúo y me dirijo al mendigo. Cuando le veo la cara toda deformada y llena de mugre, mi pena es aún mayor; ya que nunca había visto a una persona así tan de cerca. Con delicadeza le dije que podía pasar a mi casa para asearse, comer y dormir; el sólo se limitó a girar la cabeza de izquierda a derecha, eso quería decir un no. Me quedé pálida y sin aliento, no entendía su postura ya que quería ayudarle fuera como sea. Me senté a su lado y empecé a charlar con él; intentando al menos sacarle una pequeña sonrisa o una pequeña palabra. Lo único que pude conseguir de él fue que asintiera con la cabeza solamente, era un paso importante porque significaba que realmente me estaba escuchando. Así estuve un buen rato; llegaba el momento de marcharme pero no quería irme y dejarle sólo en la oscuridad y tirado como si fuera un simple trapo. Le dije que si necesitaba cualquier cosa que me avisara sin problema alguno, yo estaría ahí, y el volvió asentir con la cabeza. Me marché triste a casa pensando en aquel pobre hombre sin nada, pero no podía hacer otra cosa él lo quiso así y yo le respeté su decisión. Cerré la puerta de mi casa y me fui a la cama como un rayo, mañana tenía una entrevista de trabajo importante, quería estar despejada y sobre todo tranquila; cerré los ojos y me dispuse a dormir.

Al despertarme lo primero que hice fue mirar por la ventana, había amanecido un día maravilloso con un sol radiante, y vi que el mendigo de anoche no estaba allí, empecé hacerme todo tipo de preguntas sin encontrar ninguna respuesta. Nunca me había comportado así con una persona extraña y yo misma estaba alucinando de mi comportamiento. No podía evitar estar nerviosa por la entrevista, era para un puesto de secretaria en una empresa muy importante, pero ya sabía a lo que me enfrentaba. Cuando ya estaba lista cogí el coche y me dirigí a la empresa, me recibieron muy amablemente en recepción y me fui a una sala de espera hasta que me tocara mi turno. Una vez pasado el tiempo ya me toco el turno y me dispuse a entrar en el despacho para ser entrevistada, había un perchero y dejé mi abrigo colgado. El entrevistador estaba de espaldas a mi mirando por la ventana de su despacho, cuando se giró para verme vi que uno de sus ojos tenía una pequeña cicatriz, aquello me recordó al pobre hombre de ayer. No quise darle más vueltas al asunto y me centré en la entrevista y nada más, el joven no hacía más que mirarme y al final oí decirme que el puesto era totalmente mío. No podía articular palabra me quedé en blanco, y el joven abrió un cajón sacó una fotografía y me la enseñó. Cual fue mi sorpresa cuando vi que era aquel pobre hombre, no podía creerlo que fuera tanta casualidad pero era así. Mi vida cambió de la noche a la mañana gracias a un mendigo al cual yo me ofrecí ayudarle. La vida te recompensa cuando menos lo esperas.

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Nacido para volar
    autor: cultura en 10

Mi vuelo empezó como siempre, de forma violenta y a más de 200 km/h. La primera parte es la más dolorosa. La deformación plástica de mi cuerpo y repentino cambio de dirección me marean. Apenas unos segundos después, mientras gano altura, el dolor desaparece. El ruido del ambiente disminuye, las voces callan y mientras me creo observado por cientos de personas, me enfoco en mi principal misión: superar la barrera.

Alcanzo mi punto máximo de altura, allí por un infinitesimal instante mi velocidad es cero y me siento un astronauta ingravido. Pero, pronto, mi cuerpo se transforma en una víctima más de la atracción másica de la Tierra. Mi cabeza, más pesada, me obliga a acomodarme, y deja mis livianas extremidades en dirección al cielo. Aún no pasé la barrera.

Comienza mi descenso, la creciente velocidad me acelera la producción de adrenalina mientras sufro la fricción del aire directo en mi cabeza. Allí está, la barrera. Una vez más la paso sin problemas, cumplí. Pero el alivio dura poco. Veo finalmente a mi punto de aterrizaje, se acerca rápidamente. Está todavía lejos, pero creo que lo lograré. Las voces vuelven lentamente, primero como murmullos, luego como gritos ahogados.

Veo el duro suelo, es inminente, voy a colisionar. Cierro los ojos, prefiero no mirar. A último momento, un enjambre de elásticas cuerdas de naylon me sostiene, se deforma y en el mismo movimiento me vuelve a lanzar en dirección contraria. Las voces estallan en júbilo, me han salvado! Pero no hay descanso, mi viaje vuelve a empezar.

Extracto del diario personal de una pluma de badminton.   

Si quieres conocer más del badminton te invitamos visitar nuestro post sobre el tema aqui.

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Quebrado
          autor: cultura en 10

Año nuevo 1929, champagne y vestigios de Charleston. Otro año que prometía para un joven profesional como Michael Smith un dichoso porvenir. Rubio, alto y atlético, había egresado con 22 años y honores del colegio de ingeniería de Michigan State, un deseo más materno que propio. Dueño de un carácter sanguíneo y ambicioso pero amable, se había unido en matrimonio con la bella Lucy Vanderbilt, una joven con pasado aristocrático en Nueva Inglaterra.

En marzo, comenzaría las prácticas en la exitosa Ford Motor Company. Mientras tanto, Michael disfrutaba de una vida acomodada gracias al apoyo de su familia política y de la habilidad heredada de su padre para mover capitales en la bolsa de valores de Chicago. A los 18 años ya había juntado una pequeña fortuna en la compra de acciones de US Steel, en el pleno boom industrial pos guerra.

Pero no fue el mejor inicio de año para Michael. Sus prácticas en la Ford Motor Company fueron suspendidas indefinidamente, la economía bailaba a ciegas sobre un acantilado y las grandes empresas comenzaban a cuidar gastos. Michael nunca llegaría a contarle lo sucedido a Lucy.  En cambio, aún optimista, su posición pasiva crecía ingenuamente con la compras de un nuevo Ford T, de una hipoteca para su casa en las afueras y hasta un pequeño velero a crédito para navegar por el Lago Hurón. Cubría la falta de un salario fijo con ganancias marginales durante la asombrosamente vertiginosa crecida en la bolsa.

El 24 de Octubre su vida dio un giro al abismo. Durante la mañana de ese jueves negro 13 millones de acciones fueron puestas a la venta sin encontrar comprador, la bolsa reconocía su burbuja financiera y explotaba en la cara de Michael. Los días sucedieron, las caídas se agudizaban y su inexperta juventud lo dejó del lado de los perdedores. La cartera financiera de la familia Smith valía, en la práctica, lo mismo que un hot dog en el estadio de los Cubs de Chicago, y aun debía responder a su grupo de acreedores.

Esperó en vano el rebote de la bolsa y pidió dinero prestado a su suegro para cubrir vencimientos de deuda con la excusa de falta de liquidez. Continuó con su habitual rutina: viajes, salidas y compras de objetos fútiles para Lucy. Hacia afuera, eran una familia solvente. Pero durante el invierno del ’31, un banco intimó a Michael por falta de pago de la hipoteca, luego le sucedería el préstamo para la compra del velero y la presión de gangsters contratados por acreedores impacientes. Lo perderían todo.

Finalmente y contra las cuerdas, Michael confesó a su joven esposa su fatal situación, debían dejar la casa, vender el Ford T y mudarse a una pensión. Probablemente debieran ceder joyas y parte del extenso guardarropa de ella también. En un exabrupto sincero, probablemente algo sobreactuado, Lucy se mostró escandalizada por las mentiras, la falta de previsión e incapacidad para sostener una familia y corrió esa misma noche a los brazos protectores de su familia en Nueva Inglaterra. Michael no fue invitado a acompañarla.

El día de la independencia de 1932, en medio de festejos más bien escuetos, se mudó solo a una habitación alquilada con las escasas posesiones que le habían quedado. En contra de sus principios y deseos se vio obligado a unirse a las kilométricas filas de gente en busca de trabajo. Los meses pasaron y su actitud arrogante fue dando paso a una ingrata sumisión a medida que le cerraban las puertas como profesional, luego como técnico y finalmente como operario. Simplemente, no había trabajo para nadie.

Los primeros meses de soltería ocupaba su extenso tiempo libre en mantener en forma su mente y su atlético cuerpo, luego perdió un poco de sentido y se dejó estar. Con hambre y sin acceso a cigarrillos de primera marca, Michael se decidió por ahogar penas en el alcohol. Corría 1933 y el fin de la ley seca resultó la perdición para millares de hombres y mujeres desconsolados. Compartió su tiempo y la cama con una joven inmigrante irlandesa, pero finalmente, famélica, también lo dejó y optó por la prostitución. No le importó demasiado.

En 1935, conoció a Byron, un malnacido de los barrios bajos de Chicago que le ofreció participar de operaciones donde quitaban a los ricos para beneficio, de ellos, los pobres. Llegó a creer que lo que hacía era correcto y aunque a veces sufría un ataque de moralidad, el hambre y el efecto narcótico del alcohol en sangre lo guiaban en el crimen. Pero una noche lluviosa de Noviembre fueron sorprendidos por el dueño de casa, y al escapar, terminaron con la vida de un indefenso anciano. Dejó a Byron y a sus operaciones inmediatamente.
  


El día que Michael cumplía 30 años, el dueño de la pensión le avisó que debía dejar la habitación o lo haría arrestar, llevaba seis meses de atraso en el pago. Con un cuerpo escuálido, y con una rotunda depresión Michael fue a vivir a la calle. Un viscoso catarro lo atormentaba desde hace unas semanas, pero la atención médica era un lujo que claramente no se podía dar. El suicidio era una opción más económica pero, por el momento, la descartó.

Pidió monedas durante tres días, con un cartel sin creatividad que no difería mucho del que mendigaba en la vereda de enfrente. Todos eran pobres, que importaba que diga el cartel. Juntó suficientes monedas para comprar la botella más barata de whisky y un trozo de pan de avena y fue a disfrutar de su cena a la escalinata de una tienda de elementos para el hogar donde un reluciente gramófono transmitía un melancólico Blues. Pensó que la música era el complemento perfecto de su escena.

A mitad de botella cayó dormido. Se despertó nuevamente debido a su molesto catarro. Hurgó con el dedo dentro de la boca y encontró sangre. Bufó malhumorado. En la tienda ya no se escuchaba el Blues sino la voz de un hombre al que reconoció como su presidente Roosevelt. Hablaba de recuperación y crecimiento, de una nueva economía, de un nuevo New Deal. Para Michael, que ya lo había escuchado antes, le parecieron palabras vacías. Tomó la botella y dio su último trago y se echó definitivamente a dormir.


Si quieres conocer más de la crisis del 30 y la gran depresión te invitamos visitar nuestro post sobre el tema aqui.

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Misterio submarino
          autor: cultura en 10

Carlos era buceador de rescate por hobby devenido en oficio. Trabajaba principalmente en el ámbito privado, con frecuentes encargos en plataformas petroleras en el Mar Caribe. No obstante, en algún momento de su juventud había sido un universitario estudiosos de las ciencias físicas. Nunca pensó que algún día, ambos mundos le darían la oportunidad de su vida.

Durante la Primera Guerra Mundial, U.S.S. Cyclops sirvió a la marina de los Estados Unidos, como barco de guerra y transporte. En 1918 el cíclope estaba retornando de un viaje por Brasil supuestamente para abastecerse de combustible los barcos británicos en el Océano Atlántico Sur, pero tras una breve escala en Barbados, nunca más fue visto. Todos los pasajeros y tripulantes desaparecieron sin dejar rastro. Lo que muy pocos sabían es que en su interior transportaba ún botín saqueado de las bóvedas alemanas durante la Gran Guerra.

Noventa años más tarde a lo sucedido con el U.S.S Cyclops, Carlos recibió una llamada de un tal Mike de Ocean Discoveries, una empresa dedicada a la búsqueda de tesoros submarinos de la que nunca había escuchado.

Mike expuso breve y concisamente su teoría: -Carlos, le contaré una historia, le pido me permita terminarla y luego me gustaría su franca opinión. Quizás podamos beneficiarnos mutuamente – el físico/buceador asintió como si su interlocutor  lo estuviera observando, pues su creciente curiosidad no le permitió emitir palabra. Mike continuó: – en 1918 un barco militar norteamericano navegaba por la zona del Atlántico llamada “triángulo de las Bermudas “ ( unida por Miami, Bermudas y San Juan de Puerto Rico como sus vértices), cuando inexplicablemente desapareció, llevando consigo más de trescientos tripulantes y una valiosa carga de lingotes de oro. El Gobierno buscó infructuosamente durante meses indicios del barco en el fondo del Caribe pero no encontró nunca nada, lo que alimentó más la leyenda de poderes místicos que encierra la región, pero el mar simplemente se lo había tragado. Carlos, nosotros y por lo que creemos tú también creemos saber que pasó y lo que es más importante entendemos que tú conoces como encontrar el U.S.S Cyclops-

Dieciocho horas más tarde, Carlos se encontró con Mike en el aeropuerto internacional de San Juan. En una tarde agitada había salido rápidamente de su oficina en DF, extraído pseudo ilegalmente archivos geológicos de las oficinas de una compañía petrolera y tomado el primer vuelo a Puerto Rico cortesía de Ocean Discoveries. Tomaron un auto de alquiler y viajaron treinta minutos hasta un embarcadero privado donde se encontraron con Sarah y Miguel,  empleados de Mike y especialistas en buceo. Luego de breves presentaciones y sin explicaciones adicionales, zarparon en un velero de 21 pies cargados con suficiente equipo para rescatar una carabela mediana del fondo del océano.

Luego de veinte minutos de navegación, Mike apagó el motor y se acercó a la proa, donde Carlos avistaba las primeras islas de Bermudas que aparecían en el horizonte -Muy bien Carlos, sabemos que el Cyclops fue visto por última vez por un pesquero atravesar exactamente este punto y mágicamente luego se hundió. Nadie conoce porque y lo que es más importante adonde fue a parar, ¿qué nos puedes decir respecto a esto? Como acordamos, cualquier pista que nos conduzca a encontrar el oro te hará acreedor del 50% del botín.

Carlos se paró, cerró los mapas geológicos que tenía en su mano y miró pensativo el océano azul oscuro a sus pies. Tenía una teoría para la misteriosa desaparición, pero solo en la física de los libros, ¿sería factible su traslado a la realidad?

–El barco flota porque la densidad del aire que encierra su casco es inferior a la densidad del agua. Si se pierde este diferencial de densidad el barco se precipita al fondo del océano-.  
Miguel bufó –Si, claro. Como cuando se hace un agujero, entra agua y el barco se hunde. Todo eso lo sabemos, pero no había indicios de que el cyclops estuviese dañado- Carlos se acercó al centro del velero.

–En ningún momento dije que necesariamente el barco tuviese que aumentar de densidad, ¿Qué pasaría si el agua perdiera densidad? El efecto sería el mismo, el barco, con su casco intacto lleno de aire, pesaría más que el agua que lo rodea y sería el fin del principio de flotabilidad, adiós barco, adiós tesoro.
Sarah continuó – Entiendo, por algún efecto extraño el agua perdió densidad y el barco se hundió, ¿pero que lo produjo y cómo explica esto que no se encuentre en el fondo del mar?

-La respuesta a ambas preguntas, creo, es la misma: todos los días se producen pequeños sismos en los fondos oceánicos que no causan daños de magnitud pero si afectan la geografía del fondo marino y produce fisuras que pueden liberar depósitos de gas metano. Una fisura suficientemente grande desprendería suficiente cantidad de burbujas de gas como para producir un cambios significativo en la densidad del agua, provocando el hundimiento del barco que en ella flota. Aludes en el fondo marino completarían la tarea y provocarían la desaparición “mágica” de la nave-
Mike, sonrió –Pues así es, el Cyclops está enterrado bajo tierra en algún puntos cercano a nosotros, ¿y cómo lo encontraremos?-

-Traje conmigo secciones sísmicas de un estudio reciente de la empresa petrolera  para la búsqueda de nuevos yacimientos offshore- abrió nuevamente sus mapas y señaló en ellos un punto remarcado en tinta azul- Se sorprenderían saber que en esta ubicación, junto a esta línea de falla geológica, el sismógrafo detectó una anomalía a 15mts por debajo del fondo marino. Esta anomalía señores, asumo es nuestro queridísimo U.S.S. Cyclops.

Sarah y Miguel se lanzaron por la escalera del velero con su equipamiento de buceo, herramientas de perforación y un saco de dinamita adaptada para su uso acuático. Carlos, tomo el suyo, se puso la máscara y probó la presión de oxígeno en su tanque. Se sentó de espalda al mar y pensó que quizás se encontraba a una hora de cambiar su vida para siempre. Cerró los ojos y se lanzó al mar.


Si quieres conocer más del "Triángulo de las Bermudas" te invitamos visitar nuestro post sobre el tema aqui.

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La noche en que lo conocí
          autor: cultura en 10

Me llaman Peter, aunque no por bautismo de mis padres sino de mi amo, un perverso comerciante algodonero de Mississippi. Soy americano de nacimiento pero africano de corazón. Una estrellada noche de agosto, el carro que  transportaba a mi familia para el inicio de la cosecha anual cayó en una acequia abandonada. Inesperadamente librado de mis cadenas y en medio de la confusión, corrí sin mirar atrás hasta alcanzar el río y escapar. Mis padres, en cambio, no lo lograron.

Llegué a la ciudad de Washington en enero de 1865 de la mano de mi primo Mwali, quien por entonces, combatía en la Guerra Civil con los Estados de la Unión. Gentilmente me recomendó para un trabajo con el personal de servicio del Teatro Ford, sirviendo bebidas y cigarros a aristócratas blancos. La paga era miserable, pero la libertad invaluable.

La noche del 14 de Abril del mismo año, el personal del teatro se encontraba particularmente revuelto. No era un función cualquiera, pues se esperaba la llegada de un invitado muy especial, para la raza negra: el presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln. Por mi parte, me asignaron los honores de servir el ala derecha de los palcos que incluía, para mi enorme complacencia, el presidencial.

La obra llamada “Our American Cousin” inició en horario sin la presencia del querido presidente, quien todavía a esas horas estaba es su despacho concentrado en sus esfuerzos para  afianzar políticamente la reciente victoria militar. Pero poco tiempo despúes, cuando crecía el climax de la función, los actores pararon la escena para recibir, de pie y con aplausos la llegada de Lincoln.

Allí lo vi, por primera vez, mientras saludaba a la audiencia, a menos de diez metros de donde me encontraba. Me sorprendió su altura, sus miembros desproporcionadamente largos y su cara alargada y enjuta. Era evidente que su falta de atractivo físico era superado, con creces, por su rapidez mental y su carisma tan particular.

Una vez en su sitio, me ordenaron acercarme y por única vez en mi vida dirigí mi palabra a él –su té señor presidente –. Aunque por entonces no lo sabía, me dijeron que Lincoln jamás tomaba alcohol. Con una sonrisa sincera me agradeció, dejé su tasa en una pequeña mesa a su lado y me retiré en silencio mientras la obra se reanudaba.

Unos minutos después, en medio de la ensordecedora risa del público, se oyó el inconfundible sonido del disparo de una arma de fuego. Por insignificantes segundos un silencio sepulcral se apoderó del teatro. A mi alrededor la gente, con miedo, parecía confundida. Yo no, porque aunque mis ojos no lo vieran, sentí en mi pecho la misma sensación de pérdida que el africano al ser separado de su tierra. Mi presidente había sido asesinado.


Gracias por seguir eligiendonos... los dejo con una pregunta: ¿Cuál era el nombre del asesino de Abraham Lincoln? conocela aquí 

1 comentario:

SANCHEZ MIRIAM dijo...

lA CULTURA SE RELATA EN DIFERENTES TIPOS DE CONTEXTO TANTO COMO, SORPRENDENTES Y DEDUCTIVOS A SI COMO EN UNA SERIE DE TEMAS APTOS PAR A TODO EL PUBLICO ME GUSTARON MUCHAS DE LAS NOTAS PUBLICADAS Y EL SENTIDO QUE LES DIERON A CADA UNA DE ELLAS.